Es fea, desproporcionada (uno de sus banos medira cerca de 30 metros cuadrados, mientras su cocina no llegara a los 15 metros) y esta ruinosa. Las camas sobre las que Anabel, Javi y yo dormimos tiene un colchon de espuema que va hundiendose a medida que pasan los dias, respetando de dia y de noche los huecos que dejan nuestros cuerpos.
A pesar de nuestra busqueda con teson no hemos encontrado al agua calienta y la fria cae del grifo con parsimonia. El suelo de la ducha se hunde y por respeto a nuestra salud evitamos cualquier contacto con el microondas y la nevera grande. Las paredes son tan altas que no es posible alcanwar los mosquitos que instalados a salvo en el techo se relamen de gusto cqda vez que observan como nos acostamos. La mugre de sus sanitariosf provoca ataques periodicos de estrenimiento. Apenas existen bombillas que funcionen, como si la oscuridad pudiera solventar la sucia desnudez de sus paredes. Al fin, esta condenada casa ha conseguido que en ciertos momentos nos hayamos sentido tan destartalados como ella. Pero tambien ha sufrido nuestras risas, nuestra gastronomia (desalentadora pero generosa),
nuestra cervezas y nuestro tabaco, nuestros bailes y sobretodo nuestras filosofias a las que hemos dedicado una buena parte del tiempo compartido entre sus paredes.
Esta tarde nos hemos dado un relajante paseo por la playa de Saly y nos hemos tomado unos pescaditos a la salud de todos vosotros.
Besotes para todas, ehhhhhh (Javi dice que en especial para una)
